Los entendidos saben que
para comprar la mejor carne se requiere un ojo crítico y entrenado. Es casi un
arte. Por esto, empieza por tomar nota de estos 10 tips antes de ir a la
carnicería y sorprende a todos con un asado extraordinario.
Fíjate en el
envase. Si estás en la góndola de las carnes envasadas
al vacío, checa que las bandejas estén en buenas condiciones, y verifica las
fechas de empaquetado y vencimiento. Toca la carne: debería estar bien fría.
Elige las
carnes con menos grasa. Para una
comida saludable, opta por los cortes magros, que contienen menos grasa.
Igualmente, no está mal que tengan una delgada capa de grasa, preferiblemente
de color blanco cremoso, porque allí reposa todo el sabor.
Mira el color
de la grasa. Prefiere las
carnes con grasa de color blanca en lugar de amarilla. Esta última suele ser un
indicativo de animales de mayor edad.
Toca la carne. Juega con ella antes de comprarla. Pégale y pellízcala: lo ideal es que
sea firme, no dura ni suave. Debería ceder un poco ante la presión de tus
dedos, pero recobrar enseguida la forma.
Conoce
los cortes. Antes de ir de compras, familiarízate con los nombres de
los cortes y su mejor manera de prepararlos, para sacarles el mayor provecho.
Pregúntale al carnicero si tienes dudas sobre la cocción o qué cortes escoger
de acuerdo con el plato que quieras cocinar.
El tan
preciado lomo. Por lo
general, los cortes de los lomos son más suaves que el resto y se recomiendan
para asar. La desventaja es que estos cortes son también los más caros.
Al comprar
carne de res. Busca
trozos que sean de color rojo cereza brillante. Las carnes que tengan dejos de
marrón o de negro pueden haber empezado a deteriorarse. La carne de ternera no
debe ser de color rojo brillante, sino casi de color blanco o ligeramente
rosada, parecida al color de la carne de cerdo.
Al comprar
carne de cerdo. Procura
buscar cortes con poca cantidad de grasa en el exterior y que tengan
consistencia firme, con un leve tono entre rosado y grisáceo.
Si el objetivo
es comer cordero. La carne
debería ser firme, de textura suave, y de un tono entre rosa y rojo claro. Los
huesos deberían verse rojos y porosos, y la grasa no debería ser demasiado
gruesa.
Deja la carne para el final. Cuando estés en el supermercado, reserva las carnes para el final, así se preservan mejor. Cuanto más tiempo pasen a temperatura ambiente, ¡mayor es el riesgo de que se echen a perder y se contaminen!